Y repentinamente, desde esa puerta entornada, desde ese salón lleno de personas desconocidas, de voces lejanas y confusas, de libros antiguos, de cuadros pintados por el tiempo, oigo una risa. Su risa. La risa de el que he añorado, de el que he buscado, de él, que ha sido mi sueño de mil noches...Él, él, él... Él está sentado en un sofá en medio del salón. Es el centro de atención, cuenta algo y se ríe, y todos se ríen. Mientras yo, sola, me quedo en silencio admirándole.
Este es el momento que tanto tiempo he esperado.
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