sábado, 18 de junio de 2011

Sonrisas desconocidas

Las nueve de la mañana, apoyada en un muro hasta que le veo cruzar la esquina de mi derecha, le observo hasta que viene y me saluda, seguidamente unos pasos para calentar un poco y empezamos a correr con, mientras tanto él me cuenta sus problemas y yo le escucho encantada, más tarde le comento que si quiere que puede seguir otro ritmo más adelantado, cuando nos volvemos a encontrar le veo sin la camiseta, y así poder conquistarme un poco más, seguimos avanzando despacio, damos unos pasos y nos sentamos en unas rocas a descansar y decir unas cuantas tonterías para así estar un poco más relajada y no tan cortada. Ya con un poco más de confianza me das un par de caricias, y acercándote cada vez más, hasta que te levantas, y mientras yo estoy sentada en la piedra me sueltas un abrazo, y te separas un poco, hasta quedarse tus labios a dos centímetros de mi nariz, y sonrojada hasta arder bajo un poco la cabeza y seguimos hablando de otros temas. Ya pasada una hora hablando de cien temas diferentes, nos toca ir a nuestras respectivas casas. Nada más cruzar la calle, sin que se te viera ya, llamo sin pensarlo a esa persona que le cuento todas mis tonterías, contándole hasta el más mínimo roce, hasta la mayor tontería que ha pasado, y las dos nos damos cuenta que, cada día, el sentimiento va a más y que a mí me importa poco, porque hacía tiempo no estaba así de feliz, porque él es quien me saca esa sonrisa que nadie ha sido capaz de sacármela nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario