domingo, 6 de noviembre de 2011

Ya me llamabas la atención el año pasado cuando te veía entrar en aquella biblioteca en la que los dos coincidíamos, para ir a estudiar. Más tarde, después de un largo verano, te vi en la presentación del instituto, y dije: Por favor, que esté en mi clase; pero no fue así, tú estabas en la clase de ciencias biológicas y yo en la clase de ciencias sociales, hasta que entré en una clase y ahí te vi, sentado con tu amigo esperando a que entrase la profesora para dar clase, y sin darme cuenta, saqué una sonrisilla que nadie la vio, esa sonrisa de: Genial, le veré todo el año en esta asignatura, aunque difícil sea que pueda entablar conversación con él. Pero ese pensamiento no duró mucho, dos días antes del examen, cuando tocaba esa clase, hablamos de tonterías algunas personas, y entre ellos estabas tú. Seguidamente, al final de las clases, te vi caminar por el mismo camino que yo (resulta que vivimos en la misma parte del pueblo), pero tú te pusiste a hacer auto-stop y yo me fui caminando.
Como ya sólo me quedaban dos tardes antes del examen, y era de bastante contenido, fui a la biblioteca a estudiar, y tú, un poco más entraste por esa puerta, y te sentaste al lado mío, y te dirigiste a mí con estas palabras (que aun recuerdo a la perfección): ¿Qué, ya estudiando? ¿Es mucho? ¿Por dónde vas?; y yo, actuando con normalidad, le respondí y entablamos una larga conversación (aunque solo fuese de la asignatura que tenemos en común, pero por algo se empieza), y lo más importante, pasamos la tarde juntos, con risas y miradas. 

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