jueves, 10 de noviembre de 2011

Esencias

Y es que cuando te veo sigo teniendo la misma reacción que tenía hace un año, te miro e intento que no me descubras mirándote, y cuando te veo, lo único que quiero es acercarme a ti y entablar una conversación, saludarnos como nos saludábamos antes, con un tímido “hola” o algo por el estilo. Aunque tengo que decir, que como ya eso no sucede excepto de vez en cuando, esa excepción, cuando ocurre, es la mejor sensación que tengo.
Como sucedió el otro día, en el que estaba esperando nerviosa hasta estallar por el examen que tenía a continuación, y tu justo pasaste por mi lado, a escasos centímetros, casi rozándonos, tú me dijiste un pequeño y casi insonoro “hola boba” (un saludo, que ni mi amiga escuchó) y yo lo único que pude hacer es enseñarte la lengua como “una niña pequeña” y oler tu fragancia, esa fragancia que te marca, y que casi nadie huele, y cuando te fuiste lo primero que hice es decirla a mi amiga: “jo, qué bien huele” y ella saco una pequeña sonrisa, esa sonrisa que lo dice todo. Pero ¿sabes? Conseguiste relajarme totalmente para poder entrar al examen tranquila y que no me quede en blanco.
Y con eso me doy cuenta de que aún eres demasiado especial y esencial en mi vida, y que no va a ser fácil poder sacarte de mi cabeza, y que aunque lo intente, de momento, no lo voy a conseguir. 

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