miércoles, 14 de septiembre de 2011

Volverle a ver todos los días

Este mes suele ser el más odiado por los estudiantes, ya que todos volvemos a la misma rutina de todos los años, estudiar nueve meses seguidos con el objetivo de aprobar todo para pasarlo como nunca en el siguiente verano. Nadie es capaz de quitarnos la frase: “Que asco, ya vuelve otra vez más de lo mismo, que verano tan corto…”. Pero la verdad, por otra parte apetece empezar, ver a todo el mundo de nuevo, contar nuestro verano, y hacer el vago en clase. Pero falta algo, al menos a mí, ver otra vez todos los días al tan apreciado chico con el que he soñado todos los días de verano, al que he extrañado tanto, y con el que surgieron diversos especiales momentos al principio y al final del verano. Le quiero ver todos los días, saludarle como antiguamente: un “hola” casi insonoro, junto a un sonrojamiento por toda la cara, que me tiemble la voz junto a las piernas, y me recorran mariposas por todo el estómago, que más tarde no pare de abrazar a quien tenga al lado, y que no pueda parar de hablar de él, contando también con las miradas tan intensas que tenemos  y admirar su preciosa sonrisa que saca seguidamente, y todo eso surgiendo solamente en un par de segundos, aunque a mí me parezcan eternos minutos.

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