Multitud de gente en ese pequeño antro, situado a las afueras de Madrid, la música alta, se escucha hasta cruzar la primera esquina, por ello todo el mundo baila, hay roces por todas partes, por ello en esos momentos a todo el mundo le es insignificante, hasta que alguien me roza el brazo y me recorre un temblor por todo el cuerpo, era diferente, sin mirarle sabía quién era, era él. Ya que él es totalmente distinto, hasta cuando toca a alguien es distinto, es único. Pero solo me parece a mí único, a nadie más le resulta distinto, es más, le parece de lo más corriente que hay, por ello y por todo lo que siento sé que es perfecto, es al único que quiero ahora mismo, y desde que le conocí, se lo que es querer a alguien sin apenas conocerle, ya que desde que le vi, sin cruzar palabra alguna, ya quería conocerle, poder cruzarnos miradas cómplices y sonrisas únicas.

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