lunes, 22 de agosto de 2011

Por fin ese día tan esperado.

Ese día, en el que por fin llegabas de aquel alejado sitio, ibas a estar aquí 3 días antes de irte al pueblo en el que sueles estar cada vez que hay unas pequeñas vacaciones, sí, eran 3 días, pero al menos era algo para poder verte. El día más esperado, ya son las 2 de al medio día, te conectas un rato, y lo primero que me dices: “Putada…” y es que se iba al día siguiente por diversas causas, y por la tarde se iba a ver a la familia que se quedó aquí cuando ellos se fueron ese mes tan intenso; los dos estamos pensando mil y una maneras para poder vernos un rato, quién sabe por qué… Hasta que nos decimos: “Vale, en diez minutos donde siempre”, los dos nos encontramos en ese sitio, y de primeras, ya que no sabíamos como saludarnos, nos damos un abrazo, empezamos a hablar un poco, muy poco… Ya que seguidamente nos centramos en otras cosas diversas, y después de media hora, recibe una llamada telefónica diciendo que se tiene que ir ya, para visitar a otras personas, ya que ese día tenía que hacer miles de cosas y arreglar algunos asuntos antes de poder marcharse otra vez al día siguiente… Nos despedimos, y cada uno se marcha por un lugar distinto, yo dándole mil vueltas a la cabeza, ya que nada fue como era antes, muy pocas palabras y mucho tacto, antes era muchas palabras y mucho tacto.
Pero ya no se puede hacer nada, solo dejar de pensar eso y esperar a que venga a este lugar, vernos de vez en cuando, y observar si todo seguirá como era antes, o si estaremos como éste último día, aclarar unas pocas cosas, y que todo siga el curso de la vida.

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