Me dices de salir un rato, y lo sé, no puedo salir por las tardes de entre semana, pero no puedo rechazarlo, te digo un sí incondicional y unas cuantas excusas para mi madre. Pasamos una tarde genial: palabras, risas, miradas, y algún que otro roce, me dices que ya es tarde y que te tienes que ir, te despides con un abrazo… Para ti es un simple abrazo, para mí lo es todo. Llego a mi casa pegando saltos de alegría, y espero al día siguiente, cuando nadie me puede quitar la sonrisa de la cara y tampoco las palabras: es increíble, que bonito, o un simple quiero verle, ya que no dejo de hablar ti con ciertas personas.
Por ello no pude parar de buscarte por todo el instituto, y cuando te veo salir al recreo me reí sin venir a cuento, me acosté en el césped, y pasaste de largo, pero con una mirada que, quieras o no, la vi, porque no te quito ojo cuando estás en un radio de menos de 100 metros de mi alrededor, y eso tú no lo sabe, sin saber tampoco que esa mirada se me quedará grabada siempre, porque con cada mirada tuya puedo bailar un blues.
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