Son las doce de una mañana de junio, ya decides levantarte por el calor que tienes en el cuerpo, te pones unos pantaloncitos y una camiseta de tirantes, y seguidamente te tomas el café mañanero en la terraza ya que corre una agradable brisa. Mientras revuelves el café te quedas embobada mirando el cielo, pensando que sólo queda una semana, una semana y no le volverás a ver por los pasillos, simplemente intentarás quedar de vez en cuando con él y algunos amigos para disimular, pero recuerdas que él se va a ir casi todo el verano de vacaciones por otras tierras, al igual que tú. Mientras tanto un sobro tras otro, terminas de comerte las tostadas junto al café y sigues pensando en el maravilloso verano, que a pesar de no poder verle, valdrá la pena, esos maravillosos tres meses, con esencia de distintas playas, junto a tus amigas, de fiesta en fiesta, de baile en baile, de ligue en ligue, ya que no quieres compromisos con ninguno, y una copa tras otra. Por las mañanas toca resaca mientras tomas el sol en la playa para coger un poco de color en aquella blanca piel de invierno, a la vez que piensas qué fiesta toca esa noche, ya te da igual el dolor de cabeza, piensas que valdrá la pena y punto.

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